Colombia no puede aspirar a la soberanía tecnológica si cada cambio de gobierno pone en duda las capacidades industriales construidas anteriormente. El debate sobre el fusil Jaguar, desarrollado por Indumil, obliga a discutir qué futuro queremos para nuestra ingeniería: participar en la creación de soluciones propias o depender de decisiones tecnológicas tomadas fuera del país.
El 5 de septiembre, medios nacionales recogieron declaraciones del ministro de Defensa sobre el descarte del Jaguar. La decisión exige una explicación técnica que permita distinguir entre rechazar un producto que todavía no cumple los requisitos y abandonar su desarrollo industrial. Son decisiones diferentes, con consecuencias distintas para el país. El Universal
Un proyecto que pertenece al Estado
Según Indumil, el proyecto comenzó en marzo de 2020 y ha involucrado a más de trescientos colombianos, entre ingenieros, diseñadores, técnicos, operarios y otros profesionales. Su trayectoria atraviesa administraciones distintas. Ese origen demuestra por qué resulta insuficiente reducirlo al legado de un solo presidente. Indumil
Detrás del Jaguar existe trabajo humano, experiencia y aprendizaje institucional. Su valor debe examinarse junto con sus costos, sus limitaciones y las posibilidades reales de alcanzar un producto confiable.
Indumil informó en mayo que mantenía un proceso de ajuste y revalidación tras los eventos registrados durante las pruebas. Esto no demuestra que el proyecto sea viable, pero sí obliga a evaluar los resultados de ese proceso antes de concluir que continuar carece de sentido. Indumil
La seguridad de quienes utilizarían el equipo es una condición indispensable. Defender la industria nacional exige productos seguros y evaluaciones rigurosas. Corresponde establecer si las fallas pueden corregirse, cuánto costaría hacerlo y en qué plazo. Si existe una ruta viable, debería financiarse por etapas; si no existe, el cierre debe sustentarse y preservar las capacidades aprovechables.
La industria también forma profesionales
La industria militar colombiana puede ser una fuente de empleo especializado y aprendizaje tecnológico. Sus proyectos requieren capacidades en materiales, medición, calidad, organización de la producción y gestión industrial. Esas competencias pueden encontrar aplicaciones civiles cuando existen mecanismos para transferirlas.
Para un ingeniero, un matemático o un técnico, participar en un desarrollo nacional ofrece oportunidades de enfrentar problemas reales y adquirir experiencia. Las universidades pueden vincularse mediante investigación, prácticas y formación especializada.
Por eso, la política educativa necesita una política productiva que la acompañe. Graduar profesionales debe ir de la mano con construir oportunidades para que desarrollen aquí su talento. Es necesario medir esos resultados: empleos, formación, proveedores y conocimientos efectivamente generados.
Las capacidades se construyen con continuidad
Imaginemos que Estados Unidos hubiera optado sistemáticamente por comprar soluciones disponibles, evitando el esfuerzo de desarrollarlas. Habría reducido las oportunidades de aprendizaje industrial de sus propios programas. Apollo ilustra ese vínculo: su demanda de circuitos integrados contribuyó a fortalecer capacidades de producción y confiabilidad. NASA
Alemania Occidental, por su parte, recibió apoyo del Plan Marshall para su recuperación después de la guerra. La cooperación internacional contribuyó a reconstruir capacidad productiva. La lección para Colombia es aprovechar las alianzas para adquirir competencias duraderas. Fundación George C. Marshall
Una decisión sobre nuestro futuro
Comprar en el exterior puede resolver necesidades inmediatas. Esa decisión puede coexistir con investigación nacional cuando existan justificación económica y recursos. También debe reconocer las capacidades locales ya desarrolladas mediante fabricación, mantenimiento y cooperación.
El Gobierno debe explicar qué ocurrirá con el conocimiento, los equipos y el personal asociados al Jaguar. La ciudadanía merece conocer las razones del descarte y las alternativas para fortalecer la industria militar.
Colombia necesita iniciar proyectos viables y continuar los que demuestren potencial, independientemente de su origen político. Una mentalidad de productores exige aprender, corregir y responder por los resultados. Nuestros ingenieros necesitan un Estado capaz de sostener ese esfuerzo más allá de una presidencia.