Este texto lo escribo limitado por mis propias experiencias, por las noticias que no dejan de indignar con los crímenes que cometen inmigrantes venezolanos, por las historias que escucho día a día de amigos y conocidos de diferentes lugares del país, por la evidente relación entre el aumento de la inseguridad y el fenómeno de la migración venezolana. A pesar de reconocer las limitaciones de este análisis, también puedo reconocer que no se trata de una posición exclusivamente subjetiva, es una posición sin datos estadísticos ni encuestas que la sustenten pero que puede ser diciente de un fenómeno que del que debemos hablar y, sobre todo, tomar medidas antes de que sea demasiado tarde. Medidas que promuevan un enfoque equilibrado, humanitario y estratégico priorizando la seguridad y tranquilidad de los colombianos, la merecemos.
Es natural que los países establezcan reglas para integrar a los migrantes bajo condiciones que promuevan contribuciones positivas, reduciendo el ingreso de quienes buscan abusar de un entorno que generosamente les abre las puertas.
Es un hecho que el fenómeno migratorio de venezolanos hacia Colombia es el resultado de la decadencia e inviabilidad del sistema socialista que ellos mismos apoyaron y sostuvieron, destruyendo su tejido productivo y moral, todo para satisfacer la comodidad que se deriva del abuso perezoso de los recursos de una nación, que necesariamente tienen límites. La inmensa mayoría de venezolanos que llegan a Colombia pertenecen a la generación que apoyó y se alimentó del asistencialismo socialista mientras duró, no son inocentes víctimas de un sistema opresor. Es una generación que comparte varias características socioeconómicas:
- Resienten a quienes consideran privilegiados; y esa definición básicamente incluye todo aquel que ha prosperado o logrado algo mediante esfuerzo.
- Están acostumbrados al asistencialismo; creen que deben obtener bienes por derecho sin un esfuerzo ni un proceso para lograrlo, y entre las opciones válidas está arrebatarselo a los supuestos privilegiados que envidian.
- No desarrollaron un respeto por la autoridad; crecieron en un entornos corrupto, donde las instituciones servían los intereses corruptos de aquellos que acompañaban el gobierno.
- No tienen sentido de pertenencia, prefieren migrar en lugar de quedarse aportando para mejorar su entorno y generar el cambio necesario.
La narrativa de que la gran mayoría de los migrantes son víctimas de un sistema opresor puede ser muy falsa, ellos mismos sustentaron y apoyaron ese sistema hasta que los volvieron inviable; en este caso sustentado por una dictadura que ayudaron a establecer.
Los colombianos, la inmensa mayoría, estamos acostumbrados a trabajar para adquirir bienes como una casa, un vehículo o suministrarle una educación a nuestros hijos; al contrario, estas personas llegan a otros países a exigir que les entreguen bienes en una demostración vergonzosa de pérdida de contacto con la realidad. Provienen de un mundo distorsionado por el sistema socialista que los alimentó y satisfizo hasta que no aguantó más.
En países como Estados Unidos toman medidas, después de percibir las implicaciones negativas del fenómeno su sociedad reacciona: cataloga a los delincuentes como terroristas, toma las medidas de control fronterizo necesarias para evitar la inmigracion ilegal, adaptan la legislación para evitar los abusos, desmontan albergues y todos los beneficios asociados, eligen un líder que prioriza la protección de sus ciudadanos. Parece ser una sociedad que percibió el abuso y reaccionó. Aquí percibimos y sufrimos el abuso pero no reaccionamos, ¿por qué?
¿Vamos a tener que acostumbrarnos en Colombia a que continúen asesinando inocentes por los próximos veinte años o, peor aún, aceptar que es un nuevo fenómeno que se va a perpetuar para siempre?
¿Cómo puede la sociedad colombiana enviar un mensaje claro de que no se van a recibir malhechores? ¿De que serán bien recibidos todos los que quieran realmente contribuir a nuestra sociedad?
Nuestras instituciones todavía, a pesar de sus limitaciones e imperfecciones, actúan priorizando el bien común y se rigen por sus principios fundacionales; nuestras fuerzas policiales y militares demuestran día a día que aquí existe la justicia y que a los criminales se les castiga; los ciudadanos colombiano dan ejemplo que porque alguien tenga mas o haya logrado más no es necesariamente un objeto de odio y de resentimiento.
¿Es un acto de xenofobia tomar medidas como lo hace el resto de países del mundo? Exigir una VISA, deportar a quienes no la tengan, encarcelar a los reincidentes, exigir confirmación sobre cómo subsisten en suelo colombiano. Enviar un mensaje que desestimule a los abusadores y que estimule a que aquellos que realmente van a respetar y aportar en nuestro país sean bien recibidos. No se le puede dejar a la ciudadanía y a las fuerzas del orden lidiar con los desajustadas políticas públicas vigentes.
Todos los países civilizados del mundo implementan regulaciones. No es xenofobia, es lo que dicta el mínimo sentido común, la mínima responsabilidad con todos los ciudadanos que ahora se convierten en víctimas inocentes, que caen día a día (sin exagerar). Esa es la realidad que están enfrentando los ciudadanos colombianos. Y sobra aclarar que no todos los venezolanos son delincuentes, pero sí la gran mayoría resienten a todos aquellos que consideran privilegiados y en muchos casos aceptan y validan el comportamiento de sus compatriotas delincuentes.
Aquellos que se quieran integrar a nuestra sociedad deben estar del lado de los ciudadanos de bien y no ser unos alcahuetas de la criminalidad originada en su país, deben demostrarlo.
¿Es xenofobia que el gobierno priorice la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos como hacen todos los otros países del mundo? Países mucho más fuertes económicamente ya han puesto en marcha las medidas para priorizar el bienestar y la seguridad de sus ciudadanos, medidas que acá por razones desconocidas algunos líderes en nuestro país califican de xenofóbicas haciendo alarde de un distorsionando humanismo que usa presupuestos alejados de la realidad que afrontamos los colombianos. Son muchas las estrategias que se pueden implementar.
- Control migratorio inteligente: Promueve políticas que incluyan el uso de visas, permisos temporales y programas de integración para quienes realmente los merezcan.
- Incremento de las penas a migrantes delincuentes: Busca desestimular el ingreso de criminales. El mensaje de intolerancia al crimen y su complacencia debe ser claro y contundente. Sanciones rápidas que envíen un claro mensaje a quienes piensan venir a abusar del entorno.
- Fortalecer programas de retorno voluntario: Apoya la creación de mecanismos para quienes desean regresar a su país de origen.
- Acceso a educación y capacitación: Facilitar la integración a escuelas, universidades, y centros de formación técnica donde adquieran valores y entiendan que en Colombia sí existen los valores y no todos se relacionan con el mundo a través del resentimiento y la envidia.
Como sociedad estamos en capacidad de implementar todos lo que consideremos necesario para garantizar la vida de los colombianos, especialmente de los inocentes. Las soluciones no se pueden limitar por aparentes limitaciones de recursos, la prioridad es ofrecer un entorno seguro para que florezca la sociedad y la inmensa mayoría de los colombianos, que lo merecemos, podamos prosperar.
Si evitamos que tan solo la próxima víctima inocente caiga todo habrá valido la pena, esto no es tema para debatir estadísticamente entre curtidos analistas que se ganan la vida hablando y debatiendo. Esto es un problema de seguridad nacional y de mínima responsabilidad constitucional con los colombianos.